domingo, 29 de abril de 2018

Un bisnieto historiador disertará en Murcia sobre el almirante Cervera Topete a mitad del mes de mayo


MURCIA.- Un bisnieto del legendario almirante gaditano Pascual Cervera Topete, héroe de Santiago de Cuba, el profesor Ángel Luis Cervera Fantoni (1955), disertará en Murcia sobre su figura profesional, política e histórica el próximo 15 de mayo en un acto abierto al público y con coloquio, en el ámbito universitario, para centrar su figura y recuperar su memoria.

Ángel Luis Cervera Fantoni, autor del libro El desastre del 98 y el fin del imperio español, es economista, historiador y sociólogo por lo que ha sido invitado por una plataforma cultural murciana recién surgida, Capuchinos 53, para este tipo de recuperaciones.

Cervera Fantoni es doctor en Historia (con una tesis sobre el pensamiento de su antepasado donde  estudia su figura al detalle) y en Economía y lleva un cuarto de siglo investigando el Desastre del 98 con varios viajes a Cuba, incluidas audiencias con la familia Castro.

"En el verano de 1998, con motivo del centenario del combate y de la salida de las tropas españolas de Cuba, Fidel Castro asistió a una recepción en el buque Juan Sebastián Elcano, atracado en La Habana, y mostró su admiración por el almirante Cervera. Dijo que había sido un héroe. También lo piensa Raúl Castro, que nos ha recibido varias veces y que en una de mis visitas me regaló una bandera”.

"¿Quién era el almirante Cervera? Pues un liberal que participó en La Gloriosa, la revolución liberal de 1868 contra Isabel II", ha explicado Cervera Fantoni. "Lo que pedimos sólo es un poco de rigor historiográfico", exige quien guarda en su casa-museo más de 2.000 documentos del archivo personal  de su bisabuelo relacionados con la vida del héroe.

Ministro de la Marina con el gobierno progresista de Mateo Práxedes Sagasta, la vida militar del histórico marino se desarrolló en Marruecos (1853 y 1859); en la expedición a la Conchinchina y las Islas Filipinas (1862-65); en la guerra contra el Perú (1866); en el bloqueo de los puertos cubanos, al comienzo de la insurrección (1868); en el levantamiento cantonal de Cartagena (1873); en la guerra carlista (1874); y en Filipinas nuevamente (1874-76).

La relación histórica de Cervera Topete con la base naval de Cartagena tiene que ver conque en 1880 fue designado comandante militar de Marina de esta ciudad de la Región de Murcia. Y sustancialmente con su participación anterior, durante la I República, al lado de las fuerzas gubernamentales para sofocar en julio de 1873 la insurrección del Cantón, aunque sin pegar un solo tiro, siendo todavía capitán de Fragata aunque en funciones de secretario del vicealmirante Lobo al frente de la Flota enviada al efecto.

Pese a ser propuesto para la Laureada de San Fernando en una ocasión consiguió,  sin embargo, otras condecoraciones como la Cruz del Mérito naval con distintivo rojo, Cruz del Mérito naval con distintivo blanco, Gran cruz del Mérito naval, Placa de la Orden de San Hermenegildo, Cruz de la Marina de la Diadema Real, Comendador de la Orden de Isabel la Católica, Campaña de Joló, Campaña de Cuba, Campaña de La Carraca, Campaña de África, Benemérito de la Patria y Caballero de la Legión de Honor, en Francia

El conferenciante y bisnieto desgranará en Murcia, además, su experiencia personal de haber descendido más de 25 metros en el Atlántico cubano en 2012 para poder tocar con sus propias manos los pecios de la Escuadra española mandada por su bisabuelo y hundida por los acorazados de Estados Unidos en julio de 1898 en aguas de Santiago de Cuba.

Desde 1898 hasta ahora, 56 descendientes del famoso almirante han servido en la Armada española. Los Cervera son una de las familias más numerosas de España, con más de 1.700 miembros repartidos por todo el mundo. Entre todos los que llevan ese apellido hay doce almirantes, el primero de ellos ascendido en 1854.



Síntesis biográfica de Cervera Topete

Ingresó en el colegio naval, a los trece años, el 30 de junio de 1852​ y fue ascendido a guardiamarina en 1855, prestando servicio durante la campaña de África en la fragata de hélice Princesa de Asturias y en el Vasco Núñez.
Cuando cumplió veintiún años recibió el despacho de Alférez de Navío. Fue enviado posteriormente a Filipinas, bajo las órdenes de Casto Méndez Núñez. Luchó contra los rebeldes malayos y en los asaltos a los fuertes de la Cotta y de Pagalugan, donde fue ascendido a teniente de navío en atención por méritos de guerra.
Continuó en Filipinas realizando trabajos de hidrografía y levantando cartas de los centenares de islas del archipiélago, regresando a la Península en 1865.
Entre 1865 y 1868, se le encargó la formación de guardiamarínas a bordo del navío de línea Francisco de Asís.
Asciende a Capitán de fragata y toma parte en la guerra carlista y en la defensa del Arsenal de La Carraca durante la proclamación del Cantón de Cádiz. Tras la Revolución Cantonal, fue enviado de nuevo a Filipinas, al mando de la corbeta de hélice Santa Lucía, donde tuvo que intervenir en acciones de guerra, especialmente en Mindanao.
En 1876 fue nombrado Gobernador del archipiélago de Joló. De vuelta a la Península, y tras ocupar diversos cargos en el Ministerio de Marina, recibió el mando del buque escuela de guardiamarinas, la corbeta Ferrolana, a mediados de 1879. A finales de 1880 fue designado comandante militar de Marina de Cartagena.
Presidió la Comisión Constructora del acorazado Pelayo, del que en 1888, y con José Ferrándiz y Niño como segundo al mando, fue el primer comandante como parte de su primera dotación, recibiendo durante su estancia en Francia la Legión de honor.
En 1891 fue nombrado director técnico y administrativo de los astilleros del Nervión, contratados para llevar a cabo la finalización de la construcción de los tres cruceros acorazados de la clase Infanta María Teresa.
Entre el 14 de diciembre de 1892 y el 23 de marzo de 1893 ejerció como ministro de Marina. Durante la legislatura 1893-1894, fue elegido senador por Cádiz y durante la legislatura 1898-1899 por Albacete.
En agosto de 1893 es nombrado Jefe de la Comisión de Marina de España en Londres, tomando parte en la Conferencia Naval Europea, realizando labores de interlocución con empresas constructoras navales y con diferentes ministerios en lo que afectaba a los asuntos marítimos, principalmente en la guerra chino-japonesa y la influencia de los Estados Unidos en las colonias de Filipinas y las Antillas.
De nuevo Cervera Topete es nombrado para un puesto en La Carraca, en este caso de Comandante General del Arsenal como Contralmirante en mayo de 1896 a las órdenes de José de Carranza, Capitán General del Departamento Marítimo de Cádiz.
Contaba con una larga experiencia en cargos militares navales y, al estallar la Guerra hispano-estadounidense en 1898, logró burlar el bloqueo al que estaban sometidas las Antillas españolas por tres poderosas formaciones navales norteamericanas.
El 3 de julio de 1898, en aguas de Santiago de Cuba, presentó batalla a la flota del almirante Sampson, superior en número y calidad de equipos, la escuadra española fue vencida tras un desigual combate.
Cervera y sus superiores mantenían posturas enfrentadas sobre la forma en que se debía actuar. Cervera acató siempre las órdenes recibidas, pero lo hizo a regañadientes, en el último momento y mostrando su disconformidad.
La decisión de Cervera de salir de Santiago a pleno día y pegado a la costa solo se explica desde el punto de vista humanitario, para tratar de minimizar el número de víctimas en la batalla, lo cual confirma que Cervera daba por perdida la batalla antes de iniciarla.
Esta forma de pensar coincide con su decisión inicial de evitar enfrentarse a la escuadra estadounidense y esperar resguardado en el puerto, lo que resultó indudablemente erróneo y contraproducente, pues de todos modos tuvo que acabar enfrentándose a la flota estadounidense, pero en una situación infinitamente más desventajosa que en una batalla en mar abierto, pues sus buques tuvieron que salir del puerto y presentar batalla de uno en uno.
 El puerto de Santiago era aparentemente un buen refugio, pues ofrecía protección a la flota frente a un ataque de fuerzas navales pero, por esas mismas características, resultó una ratonera para la flota española al salir de puerto a presentar batalla.
Aunque hay que reconocer que las fuerzas navales españolas eran notablemente inferiores a las estadounidenses, Cervera fue incapaz de idear una estrategia militar coherente y estructurada.
El Capitán de Navío Fernando Villaamil había propuesto realizar acciones ofensivas para hacer replegarse al enemigo y conseguir un mayor equilibrio de fuerzas, y el también Capitán de Navío Joaquín Bustamante había propuesto una salida nocturna escalonada. Ninguna de las dos propuestas fue atendida por Cervera, que optó por la inacción.
Además, Cervera pudo haber tomado otras decisiones erróneas: la distancia entre unos barcos y otros al salir fue excesiva, y resulta bastante discutible que el orden que eligió de salida de los barcos fuera adecuado.
Cervera fue hecho prisionero en la batalla. Otra suerte corrió el Capitán de Navío Fernando Villaamil, que resultó muerto en combate a bordo del Furor. El Capitán de Navío Joaquín Bustamante no participó en la batalla, pues había desembarcado al mando de las columnas de desembarco, resultó herido en la Batalla de las Colinas de San Juan, cerca de Santiago de Cuba y falleció pocos días después.
Tras la guerra de Cuba, Cervera tuvo que soportar la incoación de un procedimiento contra él, debiendo solicitarse un suplicatorio por su condición de senador, y sus oficiales supervivientes. Lo cual dio como resultado el sobreseimiento de la causa.
En la legislatura 1903-1904, fue designado senador vitalicio.​ Falleció el 3 de abril de 1909,​ después de ocupar varios cargos importantes, y sus restos descansan en el Panteón de Marinos Ilustres, de San Fernando, donde fue inhumado el 19 de junio de 1916.
Tras su muerte, un buque de la Armada Española portó el nombre de Almirante Cervera.

1 comentario:

Manuel Cervera dijo...

La distancia entre los barcos para salir de la bahía de Santiago de Cuba, fué la adecuada habida cuenta de lo angosto de la canal, el calado de los buques, que casi tocaban el fondo, y la posibilidad de que si alguno lo tocaba en una "culá", (variación repentina del rumbo por la corriente u otra causa), no embarrancara impidiendo al que le seguía abordarlo. Y el orden de salida también es acertado. El Almirante sabía que vencer en aquel combate naval era tarea imposible, así que decidió lanzarse él, en el buque insignia, "Infanta María Teresa", para abordar al buque americano más cercano y que los demás se centraran en el, permitiendo la salida a toda máquina de los restantes barcos para intentar escapar del cerco. La salida nocturna, que sugirió el C.N. Bustamante, no era en absoluto factible pues al anochecer, dos buques americanos se acercaban a menos de dos millas de la costa e iluminaban con sus proyectores la canal de salida, con lo que el factor sorpresa, ventaja que hubiera supuesto la oscuridad total, no se daba en absoluto, y el número de víctimas habría sido muy superior.