jueves, 11 de noviembre de 2021

Cardiólogo canadiense de 52 años muere de un infarto tras su tercera dosis… e insultar a los no inoculados


SAINT JOHN.- Sohrab Lutchmedial, cardiólogo canadiense de 52 años, falleció “inexplicablemente” mientras dormía, tal como parece estar «de moda» tras la aplicación compulsiva de las diversas “vacunas” contra el supuesto virus covid. Lutchmedial terminaba de ponerse la tercera dosis y era una eminencia en lo suyo, según el portal davidrey.com.ar.

 “El Dr. Sohrab Lutchmedial dedicó más de 20 años al New Brunswick Heart Center y al cuidado de los pacientes que padecen enfermedades cardíacas”, informó la mencionada institución. Y continuó el comunicado que recogió CBC News (Canadá): «Es con profunda tristeza que informamos sobre la muerte repentina e inesperada de un colega, amigo, padre, socio y espíritu inspirador». 

Lutchmedial murió el lunes mientras dormía en su casa de Saint John, según explicó el jefe de cirugía cardíaca, Jean-François Légaré.

Difícil digerir la adversidad, más aún cuando reviste cierta paradoja en sí. El cardiólogo que murió de un infarto era una persona «amable» y «comprensiva», y que evitaba pelear con la gente, según indica CBC. Todo el mundillo médico de la provincia canadiense de New Brunswick lo llora. 

«Hizo más que medicina», dijo Légaré. «[Él] era un artista. Era un músico. Participó en la realización de películas en la provincia. Fue un entrenador de hockey para sus hijos. Participaba en la comunidad. Era un ávido investigador».

Pero parece que, en realidad, no era tan ávido como dicen… o sí, pero para alentar el genocidio sanitarista que lo terminó por incluir a él mismo. Además de que sus expresiones para las personas que eligieron no someterse al cuestionado experimento no fueron precisamente las más «amables» y «comprensivas» que digamos.

El 10 de julio, fecha para la cual ya contaba él con dos dosis inoculadas, los insultó en su cuenta de Twitter:

«El argumento colectivo para proteger a aquellos que NO PUEDEN recibir la vacuna, que QUIEREN protección, los inmuno deprimidos, los muy jóvenes, los desamparados y los marginados. Para aquellos que no se van a poner la inyección por razones egoístas, lo que sea, no lloraré en su funeral«.

El caso es que ahora, el doctor Lutchmedial, como tantos «vacunados», no puede saber que sí hay muchas personas que lo lloran a él, y lo recuerdan con todo cariño. El 9 de noviembre de 2021, apenas dos semanas después de inocularse la tercera dosis, el reconocido cardiólogo canadiense murió de un infarto mientras dormía, subscribiéndose de este modo a la interminable lista de «extrañas», «inexplicables» y «cardiológicas» muertes y afecciones posinoculación de las que habla todo el mundo (menos los medios masivos de comunicación).

Lutchmedial, además de su reconocida labor, como vemos fue un activo promotor de la inoculación coercitiva en su país, y estaba convencido de la eficacia del experimento (que ni siquiera se probó en ratas de laboratorio) para combatir el virus del coronavirus (que ni siquiera fue aislado y cuya verdadera existencia está en discusión), al punto de poner él mismo el pecho a las balas. 

En otra de sus publicaciones en las redes (donde muchos médicos malgastan el tiempo que podrían invertir en investigar un poco más), el canadiense celebró que gracias a haberse inoculado iba a poder «volver a visitar a su padre», claro que sin imaginar que ahora es su padre el que lo tiene que visitarlo a él.

«La inmunización contra el Covid 19 en Horizon hoy fue una operación hábil, súper eficiente y el personal estaba realmente organizado. Muy feliz de hacer mi parte. Tengo muchas ganas de poder volver a visitar a mi padre y no preocuparme cuando lo haga», escribió el 16 de enero, tras aplicarse la primera dosis. 

«Fue repentino, inesperado para todos nosotros. De hecho, estuvo de guardia ayer por la mañana», dijo Légaré en una entrevista [textual de CBC News], lo cual en buena medida nos habla de que el querido doctor Sohrab Lutchmedial no acarreaba alguna predisposición al infarto o a la muerte súbita. 

«Este es el tipo de persona que realmente tenía un alma muy, muy, muy buena y una persona que realmente era capaz de unir a la gente y no ser competitiva«, aseguró su compungido compañero de trabajo.

Ojalá que el fallecimiento de este destacado médico nos aliente, entonces, a unir a la gente en pos de investigar más en lugar de resignarse mansamente a una experimentación sin precedentes, y a ser competitiva en el sentido de superarnos cada día en procura de ser mejores personas, mejores trabajadores y mejores profesionales.

 Ojalá nos sirva para ir más allá de lo que los interesados «grandes» medios pregonan en función de sus singulares intereses (que nada tienen que ver con nuestra salud) y ojalá podamos deberle al doctor Lutchmedial una reflexión leal a nuestro sentido común y ajustada a los mismos hechos por los cuales él mismo terminó entregando su propia vida. Que en paz descanse.

Paremos ya este genocidio.

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